15 de septiembre de 2014

La fregona

Mi hijo mayor, que aún no tiene seis años, acaba de preguntarme muy educadamente si le presto la fregona.

Por un lado, me alegro de que haya decidido motu proprio limpiar un poco de agua que ha derramado en el suelo; por otro, el hecho de que haya acudido concretamente a mí, y no a su padre, y haya utilizado el verbo "prestar" en su pregunta, como si la fregona fuera de mi propiedad, me ha dejado claro que las madres (y los padres) todavía tenemos mucho trabajo por hacer, y no con la fregona precisamente.

30 de julio de 2014

Selección de personal

Imagínate que tienes una empresa y necesitas contratar a un administrador, un contable y varios administrativos para que saquen adelante el trabajo de gestión de cada día.

Lanzas las ofertas de trabajo, recibes candidaturas y realizas las correspondientes entrevistas de trabajo. Finalmente, decides a quien vas a contratar y formalizas con ellos la relación laboral. Los contratas, vaya. Eso sí, con un contrato temporal renovable para ver si, como trabajadores, satisfacen tus expectativas.

Durante el tiempo en el que trabajan para ti tu empresa tiene pérdidas, hay conflictos con los trabajadores, con los proveedores, con los clientes; incluso contigo, que no estás de acuerdo con parte de su gestión. Y, para colmo, externamente te llegan pruebas de que te han estado robando a manos llenas y han utilizado información confidencial de la empresa para negocios con la competencia, pensando en su propio beneficio y negándote todo a la cara mostrando indignación por tu desconfianza.

Una vez imaginado todo esto... ¿les renovarías el contrato?

Pues recuerda tu respuesta la próxima vez que vayas a votar. Gracias.

7 de enero de 2014

la grande bellezza

Esta tarde hemos ido al cine a ver "La Gran Belleza" ("La Grande Bellezza"), de Paolo Sorrentino. Una película extrañamente bella, de esas que han de verse en pantalla grande para captar cada gesto y cada detalle y que, lamentablemente, solo pueden recomendarse a determinadas personas: a aquellas que, como su protagonista, están destinadas a la sensibilidad. 

Porque esta no es una película "bonita"; es una película "bella", que muestra su belleza en pequeñas dosis, continuas pero discretas.

Pero también es una película de extremos. De extrema sensibilidad, de extrema decadencia, de extrema soledad. El viaje del protagonista por esa vida aparentemente bella pero ruinosa, cíclica, sin destino aparente, recuerda a Dante en su paseo por el Infierno. Ese descenso en el que observa la decadencia del ser humano, inmerso en el horror, formando parte de él pero descubriendo en momentos fugaces que hay un paraíso sobre nuestras cabezas. 

Casi sin darte cuenta, entre vorágine, hipocresía y decadencia, esas pequeñas dosis de belleza van posándose en el espectador hasta que, con un estímulo puntual, afloran y se externalizan. Algo mínimo pero necesario para reaccionar.

Su final, ese paseo solitario por el Tiber, la laguna Estigia de nuestro Dante/Gep, refleja a la perfección la sensación que te aborda tras enfrentarte a esta película: la sensación de un solitario paseo por el Tiber, rodeado de tantísima belleza pero solo, al fin y al cabo.

En definitiva, una película que no te deja indiferente y que, si descubre su belleza, late dentro de ti durante horas, incluso días. 

 
 

3 de diciembre de 2013

Hurt

Pones música de fondo. Una selección aleatoria. Suena una canción tras otra y no prestas excesiva atención a ninguna; sólo te acompañan mientras haces otra cosa.

Pero, en un momento preciso, te das cuenta de que una canción que nunca habías escuchado y que no sabes cuándo ha comenzado a sonar ha atravesado la barrera y se ha quedado ahí, en tu cabeza. Te atrapa, y dejas de hacer lo que estabas haciendo para centrar en ella toda tu atención.

Y descubres algo maravilloso que va más allá de una canción.

2 de septiembre de 2013

la diferencia entre un "sin" y un "para" es equivalente a la amplitud de miras

Comienzan a surgir compañías aéreas que habilitan "zonas sin niños" (y las cobran). ¿Por qué no habilitan una "zona PARA niños" en vez de una "zona SIN niños"? Es cuestión de cambiar el punto de vista y de ver a los niños y a las familias como viajeros y no como estorbos. 

Estoy convencida de que más de una familia pagaría un extra en el billete si considerase que de ese modo iba a poder viajar con mayor comodidad junto a sus hijos. Porque, al fin y al cabo, y salvo excepciones de padres huevazos, a nuestros hijos los aguantamos nosotros y somos nosotros quienes tratamos de que molesten lo menos posible, aunque precisamente en el transporte aéreo no nos lo pongan demasiado fácil: esperas interminables en la terminal, esperas interminables en miniautobuses hasta llegar al avión, esperas interminables para el despegue y viajes de horas enclaustrados en medio metro cuadrado sin posibilidad de acceder al pasillo y haciendo de llegar al baño una aventura. Intenta explicarle tú a un niño de tres años que se tiene que estar cuatro horas quietecito y sin molestar mirando el respaldo de un sillón que dista medio metro de la punta de su nariz. Si la mayoría de los padres no pusieran su buen hacer en tratar que sus hijos molestasen lo menos posible más de uno se habría tirado ya del avión. Y, repito, eso no quita que haya padres y madres huevazos que no se merezcan que alguien les obligase a saltar.

Las compañías aéreas se han estrujado la cabeza para habilitar zonas en las que puedes reclinarte hasta estar como en una hamaca del Caribe, te dan un antifaz para evitar que te moleste la luz y una mantita para que puedas echar una cabezada como si estuvieras en la camita de tus papás, puedes comer con servilleta de tela y cubiertos de metal, hasta elegir qué programas quieres ver en tu minipantalla personal. ¡Pero no han sido capaces ni de ofrecer un cutre cuaderno con cuatro lápices de colores a los niños que también pagan su billete para hacerles el viaje más entretenido! Que todo eso lo traigan los padres. Pues sí, señores, ya lo llevo yo, y el cuaderno de juegos, y las cartas, y el iPad y lo que haga falta. Pero si aún así mi niño les molesta, se joden, que tiene dos años y no sé si a él le molestarán los fanfarrones que cuentan su vida a risotadas al compañero de viaje, los que se quitan los zapatos y comparten al aire sus pies apestosos o los que ocupan todo su espacio vital y parte del del vecino con su cuerpo y todos sus enseres, pero a mí sí. Porque si la solución estuviera en habilitar zonas "sin" habría que fletar el triple de aviones.  

Lo único que me consuela de todo este asunto es que, aunque algunas líneas te releguen a viajar en turista aunque seas el marajá de Kapurthala si vas con tus hijos (o eso dicen), al menos van a hacer pagar a los que no quieran niños y no a los que los lleven puestos, porque ya sería lo último que faltaba. De todas formas, tiempo al tiempo, que parece ser que lo cura todo salvo la escasez de miras.

Fuente: El País (http://blogs.elpais.com/paco-nadal/2013/09/aviones-con-zonas-sin-ni%C3%B1os.html)

22 de agosto de 2013

Hay libros que son como almendras amargas

Yo no soy experta en literatura ni me considero gran lectora. Leo lo que puedo y me dejan, que no es mucho (y no es poco), y, salvo excepciones, sin demasiado criterio. Voy tirando de nuestra biblioteca particular, compuesta por libros que hemos ido comprando a lo largo de los años o que han llegado a nosotros de un modo u otro. En alguna ocasión busco títulos determinados en la biblioteca y poco más.

Todo este rollo viene a que hace unos días tiré de uno de esos libros almacenados en nuestra librería y comencé su lectura, en concreto uno premiado con el renombrado premio "Planeta" y que una amiga tuvo a bien regalarme hace algunos años sin mayor referencia que el título y el mencionado galardón.

El primer capítulo no me hizo presagiar nada bueno, pero le di una segunda oportunidad leyéndome el siguiente. La cosa no mejoraba. Ayer, decidí hacer mío eso de "a la tercera va la vencida" y ver si la vencida consistía en leerlo hasta el final o mandarlo de vuelta a la estantería. 

Pocos libros de los que han pasado por mis manos han sufrido este triste final, y sólo dos por ser infumables y no por "pereza" del lector. El primero, "Ángeles y demonios", de Dan Brown, que me obligó a decir "hasta aquí" cuando la historia no tenía ya ni pies ni cabeza. En mi defensa diré que me lo leí porque era una edición en italiano, porque se desarrolla en Roma, mi ciudad entre ciudades, y porque me lo regalaron. El segundo ha sido el premio Planeta del que hablo. 

Ya digo que no soy lectora sibarita, pero sí creo tener un cierto criterio estético y su lectura dolía por todas partes. Tras cerrar el libro, me rondaba la duda de si el problema estaba en el libro o en mí. Quizá fuera una grandísima novela y, simplemente, yo no supiera apreciarla. Así que busqué críticas en Internet. Sí, ya, las críticas... Sin embargo, me quité un peso de encima al revisar tres de ellas y ver que coincidían plenamente con mi opinión y sentimiento acerca del libro, aunque sólo me hubiese leído tres capítulos. 

Menudo alivio. Acto seguido me dirigí a la librería y, tras un vistazo rápido y en honor a mi padre, opté por llevarme a la mesilla "Oráculo manual y arte de prudencia", de Baltasar Gracián. No creo que suceda, pero como me vea obligada a devolverlo antes de llegar al final a ver cómo se lo explico yo a mi padre.   

20 de mayo de 2013

HELP ME FIND "BOBBY"!

Os voy a contar una historia y a pedir vuestra colaboración. Esta foto que véis la compramos en un mercadillo de Nueva York en 2003. Nos acompañó durante todo el viaje, así que decidimos bautizar al chaval que aparece en ella como "Bobby".

"Bobby" lleva más de 10 años en nuestras vidas. Me gustaría saber quién es realmente el tipo que tengo colgado en una pared de mi casa y que sepa que desde hace 10 años forma parte de la vida de una pareja de Zaragoza, algo que seguro que ni se imagina.
Si conseguimos hacer llegar su foto al otro lado del charco quién sabe, igual lo consigo...

La única información que nos dieron sobre ella es que era el retrato de un hippy de San Francisco sacado en los años '60. La foto formaba parte de un trío; creo recordar que la acompañaba una foto de una chica y otra de "Bobby" con la misma chica y otro chico más. Como la cartera no daba para más tuvimos que decantarnos sólo por una y nos quedamos con la del hippy gamberrete (aún me duele no haberme llevado las tres).  
El otro día me percaté de que aparecía la placa de una calle en la imagen y me lancé a buscarla en Google Maps. Conseguí dar con el punto exacto en el que fue tomada hace más de 40 años (calculo) y para mi sorpresa descubrí que no está en San Francisco sino en Los Ángeles: Crescent Heigts Blvd. - Sunset Blvd.

Lo que intento hacer es complicado, lo sé, pero por intentarlo... ¿No dicen que sólo 6 personas nos separan del cualquier persona del mundo?
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I bought this picture in NY in 2003. I call the boy in it "Bobby", but I would like to find out his real name after being part of my life for almost a decade.
I know little about it: I was told it was taken in LA (Crescent Heigts Blvd. - Sunset Blvd.) in the late 60's and I know there are two more pictures taken same time, same place (one of a girl, another one of a group: "Bobby", girl and boy).
I just ask you to share this picture; maybe we find "Bobby" together!

 

14 de marzo de 2013

el nuevo Papa

Todo el mundo hablando del Papa. Que si es así, que si es asá, que si hizo esto o dijo lo otro.

Yo lo único que sé es que ayer cuando les dije a mis hijos frente al televisor que a ese balcón iba a asomarse el papa y finalmente se asomó, ellos me miraron como diciendo "pues ese mi papá no es".

Pues eso. Y mi Papa tampoco.

No sé cómo será su labor frente a la Iglesia a partir de ahora. Yo me conformaría con que se mantuviera en su parcela y no tratara de influir en el campo laico en el que vivimos los demás, pero tampoco lo espero.

No deja de ser un Papa, que nadie espere un transgresor.
 Jorge Mario Borgoglio. Papa Francisco I, elegido el 13 de marzo de 2013
 

3 de marzo de 2013

Carta al Sr. Fernández Díaz, ministro del Interior

"El matrimonio gay no garantiza la pervivencia de la especie" (Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior)

Sr. Fernández:

De entre todos los motivos que he escuchado y leído para oponerse al matrimonio gay, permítame decirle que el suyo es el más estúpido de todos.

Sepa usted que, en general, el matrimonio en sí mismo tampoco garantiza la pervivencia de la especie.

El matrimonio con Dios, por ejemplo. Ordenarse sacerdote o monja no garantiza en ningún caso la procreación (al menos no dentro del matrimonio) y usted defiende la instauración de la asignatura de religión a todos los efectos en la escuela pública, quizás buscando despertar vocaciones.

A San José y a la Virgen María tampoco podemos considerarlos un ejemplo de matrimonio procreador. Visto el papel que ustedes le asignan al padre carpintero podemos decir que la pervivencia de la especie tampoco dependió de él como esposo.

Y, sin embargo, fíjese usted qué cosas: yo no estoy casada y tengo el honor de haber contribuido a la pervivencia de la especie con dos hijos maravillosos. Dos hijos a los que espero inculcar una apertura de miras infinítamente mayor que la suya, incluso si cuando se conviertan en hombres deciden no colaborar en perpetuar esta especie de la que en ocasiones me avergüenzo enamorándose de otro hombre, metiéndose a cura o, simplemente, porque no les da la gana.

Sinceramente, lo que más me fastidiaría de eso sería que no me convirtieran en abuela. A la pervivencia de la especie que le den por el saco.



9 de noviembre de 2012

la mierda que nos rodea

Hoy estoy con un catarro de impresión. Los médicos me dirán que es un mal funcionamiento de mis defensas. Yo creo que la causa es toda esta mierda que tenemos alrededor, tóxica para el alma. Recortes, desahucios, desesperanza, suicidios, impresentables que se te ríen en la cara.

Contra eso está claro que mis defensas físicas no pueden hacer nada, pero me niego a usar profilaxis para mi alma y mi moral porque, en estas cuestiones, enfermar es el único modo de convencerse de que hace falta una cura.

la desvergüenza

¿Cómo se puede tolerar que una entidad bancaria como Bankia, rescatada por el Estado, no tenga ni siquiera a bien renegociar la deuda con una señora, en paro y con hijos, amenazada por el desahucio? ¿Qué esperan? ¿Que sea la siguiente en tirarse por el balcón para librarse del problema?

Esta mañana he escuchado a esta señora en la radio. También al alcalde de Santa Cruz, que espera respuesta de Bankia desde hace más de 5 meses. La propuesta de la alcaldía, cliente de Bankia, es solicitar que le dejen permanecer en la vivienda a cambio de un alquiler social, que ellos en parte subvencionarían. No han recibido respuesta. Por ese motivo, pasando ya de la ofensa moral a la ofensa como cliente que es, la alcaldía ha decidido sacar todos sus fondos de la mencionada entidad: un millón y medio de euros.

Que cunda el ejemplo.  

http://www.lacasademitia.es/articulo/sociedad/huelga-de-hambre-por-desahucio/20121106070607011726.html

 

7 de noviembre de 2012

Y si...



Esta mañana un amigo me ha enviado el enlace a este vídeo con el siguiente texto:

"Os mando un curioso enlace que hace llorar al más fuerte. Curiosa la mezcla de historia real y ficción televisiva, muy bien realizada. Si alguien no llora que lo diga, pero no me lo creo".

Yo he asumido el reto y, sí, he terminado llorando como una magdalena. La historia es conmovedora, pero quizás haber leído esta noticia recientemente en la prensa española también haya tenido algo que ver para que lo que se me ha revuelto por dentro lo haya hecho con más fuerza:

"El Gobierno sostiene que un hijo indeseado no daña la salud de la mujer.
El Ejecutivo insiste en reformar la ley para suprimir la malformación como causa de interrupción de embarazo".

Porque las cuestiones que se me plantean uniendo esta noticia con el vídeo son inmensas y, en algunos casos, irresolubles, me temo.

¿Y si la madre de este chico hubiera abortado al conocer su malformación?
Nunca habría existido este chico.

La madre no abortó, pero al nacer lo abandonó en la calle metido en una caja de zapatos.
¿Alguien puede seguir manteniendo, después de esto, que un hijo indeseado no daña la salud de la mujer?
La salud mental de una persona debe de estar ciertamente dañada para llevar a cabo un acto que, en condiciones normales, a cualquiera de nosotros nos parece abominable, especialmente viniendo de una madre hacia su hijo.

¿Y si nadie hubiera encontrado esa caja de zapatos?
El chico habría existido y habría muerto de una manera cruel.

Sin embargo, la caja fue encontrada por una monjas y el niño fue llevado a un orfanato. 
¿Y si su madre adoptiva nunca se hubiera cruzado en su vida?
Probablemente el chico habría existido y habría vivido pero ¿en qué condiciones? ¿Habría vivido o sobrevivido?

Afortunadamente, a este chico (y a su hermano, no olvidemos que son dos), la suerte le ha sonreído y ahora disfruta de una vida, dentro de sus limitaciones, plena y normal. Pero la suerte no nos sonríe siempre a todos ni lo hace por igual.

Viendo el vídeo, probablemente nadie estaría a favor de que este chico no hubiera nacido. Pero ninguno de nosotros somos su madre biológica. Si hubiéramos conocido una historia distinta, si este chico hubiera muerto abandonado en una caja de zapatos, ¿nuestra opinión sería otra?

¿Se debe decidir por lo que algo es o se debe decidir por lo que algo puede llegar a ser?
¿No debería tener la madre la opción última de decidir? Es posible que muchos niños no lleguen a nacer, pero también es posible que muchos de los que nazcan terminen en una caja de zapatos. ¿Qué es más cruel?
¿Y para quién lo es?

11 de septiembre de 2012

cómo está la sanidad...

Esta mañana he acudido al hospital Militar a una revisión y, cuando he pedido cita para la siguiente, me ha pasado esto:

-¿A las 12.30 va bien?
-Si pudiera ser a primera hora como hoy, mejor.
-A primera hora no puede ser, esa franja está reservada para primeras visitas. Las revisiones empiezan a las 11.30.
-Pero yo hoy no he venido a primera visita, llevo viniendo a revisiones desde enero.
-Es que pasados 6 meses desde la primera consulta la siguiente revisión vuelve a contarse como primera consulta. Si no es que Sanidad no nos paga, ¿sabes? (esto por lo bajini)

Alucinada me he quedado. ¿Qué pasa? ¿Que la Sanidad sólo permite 6 meses de revisiones por paciente? ¿Si pasados 6 meses no me he curado que me den, que no me "revisan" más? (al menos de manera gratuita)

Y cuando en la farmacia me han preguntado que si sabía a qué grupo pertenecía ya me han matao. A punto he estado de soltarle que al de los pobres.

21 de julio de 2012

manifestación del 19 de julio de 2012

Ayer llamó a la radio un señor para describir un momento de la manifestación del jueves.
Al pasar por la puerta del Carmen, los camiones de bomberos y los coches y motos de la policía que estaban apostados a ambos lados de la manifestación hicieron sonar sus sirenas durante un par de minutos. Comenzaron tímidamente: primero el camión de bomberos, después una de las motos, después otro camión, a este se le sumó otro... hasta que todos se unieron y todas las sirenas sonaron a la vez.

La gente que en ese momento pasaba por allí siguió el mismo patrón. Unos pocos aplaudieron a la primera sirena. A estos se les unieron los que seguían detrás, haciendo el aplauso más contundente. A estos, los siguientes.
El resultado final fue una manifestación sonora de apoyo por parte de unos y de otros, de los que seguían la manifestación a pie y de quienes lo hacían, cumpliendo con su obligación, desde la barrera.

El señor que llamó a la radio no sabía por qué ese primer camión de bomberos había hecho sonar su sirena. Yo podría decir que sí, porque también estaba allí.

Yo seguía la manifestación empujando el carrito de Mario. Sergio hacía lo mismo llevando a Mateo a hombros. Al pasar frente al camión de bomberos, Mateo gritó con toda la espontaneidad que puede mostrar un niño: "¡Ninoninonino!" Un señor que nos seguía gritó a su vez hacia el camión: "La sirena, ¡que suene la sirena!". A él se unieron otros "¡La sirena!".
La sirena sonó. Mateo sonrió de oreja a oreja. Los demás aplaudimos. Y a mí reconozco que costo mucho contener las lágrimas. 

No llegué a ver a los bomberos que hicieron sonar sus sirenas, pero supe que estaban allí y con nosotros. En ese momento, sentí sinceramente que lo que estábamos haciendo merecía la pena.

12 de junio de 2012

misterio en la biblioteca

Hace un par de semanas fui a la biblioteca a buscar un libro infantil. El ordenador indicaba que estaba disponible, pero no lo encontré en su sitio y pregunté a la bibliotecaria. Ella se acercó hasta las estanterías pero tampoco lo encontró, así que tomó nota de mi teléfono y me dijo que lo buscarían y, cuando lo encontraran, me avisarían. La verdad es que el libro no era de gran importancia para mí pero tampoco le dije que no. Supuse que les interesaba encontrar el libro de todas formas.

Hoy me han llamado por teléfono. Han estado buscando el libro desde entonces pero no lo han encontrado, así que lo dan por perdido. No obstante, se han acercado a la librería donde adquieren los fondos con la intención de comprarlo, pero está descatalogado. Han contactado con la editorial a ver si es posible conseguir un ejemplar en alguna parte y, si se hacen con uno, me llamarán. Visto lo visto, no lo dudo.

Supongo que toda esta labor no la habrán llevado a cabo únicamente para satisfacer mi petición, sino porque les importa hacer bien su trabajo.

Con todo este rollo sólo quiero dejar constancia de que hay cosas que funcionan y que hay personas que se toman en serio su trabajo. Que quienes fastidian y crean problemas son otros, por ejemplo, los que cogen prestado "Lucas, un detective en el museo" y no lo devuelven jamás.

13 de febrero de 2012

hasta cuándo

Eso digo yo. Hasta cuándo. Hubo algunos, como la familia de mi abuela, que asumieron esos hechos como parte de lo que suponía vivir una guerra y una dictadura. Pero eso ya pasó y, en un Estado de Derecho, a quien pide Justicia hay que dársela.

28 de octubre de 2011

adiós, yayo

Con 16 años falsificaste tu documentación para poder defender tus ideales en una guerra. Luchaste junto a Durruti, viste morir y mataste, viviste penurias, tragedias y horrores de los que pocas veces hablaste, y nunca sin que se te encendiera la sangre de rabia al recordarlos. "En esa guerra murió lo mejor de ambos bandos", decías. Daba igual que fueran de derechas o de izquierdas; eran personas decididas a luchar por unos ideales hasta morir si hacía falta. Tú conseguiste sobrevivir y salir adelante en una España que se puso difícil para los vencidos.

Me hubiera gustado que me contases tantas cosas, preguntarte tanto... Ahora te has ido y todo eso se ha ido contigo, como, poco a poco, se ha ido yendo con todos. No fuiste un abuelo en exceso cariñoso, pero me apena tu marcha. Por lo que significa, más allá del vínculo familiar, y porque, a tu manera, me hiciste saber que me querías.

No ha sido una marcha fácil; ha llegado poco a poco, se ha impuesto minándote durante años, aislándote en ti mismo y de nosotros. Sin embargo, lo que más me entristece es saber que te has ido desencantado con el mundo en el que nos dejas y con una pregunta constante en tu cabeza: "¿Para qué luchamos, para qué murió tanta gente, si, al final, no ha cambiado nada?". Quisiera creer que no es así, yayo, que tu lucha sirvió de algo, pero necesito que alguien, de una vez por todas, me lo demuestre.

11 de septiembre de 2011

10 años desde el 11-S

Hace diez años, esta imagen dejó de existir. El ataque a las Torres Gemelas, su caída y la situación que se vivió después en la ciudad de Nueva York y, por extensión, en el resto del mundo, como un gran tsunami seco que nos arrastró a todos, son unas de las imágenes y momentos que más grabados se han quedado en mi memoria y, supongo, que en la de todos aquellos que tuvieron la posibilidad de vivirlos como espectadores de algún modo.

El 11 de septiembre de 2001, alrededor de las 3 de la tarde hora española, yo estaba sentada en el sofá de la casa de mis padres, por entonces todavía mi casa, viendo el Telediario. No recuerdo porqué pero estaba sola. Ana Blanco presentaba el informativo. En Antena 3 hacía lo propio Matías Prats. Lo sé porque, al enterarme de la noticia, cambié a este canal quizás para intentar confirmar que lo que contaba Ana Blanco no podía estar sucediendo en realidad. Pero sucedía. Ahí, delante de mis ojos, en ese mismo instante. Recuerdo que me encogí sobre el sofá agarrada a un cojín y lloré. Mucho. Constantemente. Pero sin apartar la vista del televisor ni un solo instante. Sabía que lo que estaba viendo era real, pero algo dentro de mí me obligaba a no creérmelo. Supongo que era algo así como un instinto de supervivencia, una voluntad de mantener la inocencia y la fe en el ser humano, de no permitirme ver ese lado cruel y sádico de las personas. Porque enseguida supimos que eso había sido obra de personas como nosotros. No fue la Naturaleza, no fue la mala suerte, no fue un error desafortunado. Fuimos nosotros. Ya había tenido esa sensación otras veces, ante otras situaciones trágicas, pero nunca con esa intensidad.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que decidí a llamar a mi pareja. Estaba de vacaciones con su familia en el extranjero y no sabía si se habría enterado. Además, habían cerrado el espacio aéreo y por lo tanto su regreso, a los pocos días, también estaba en duda. Sí se habían enterado. Creo que viendo las televisión en una cafetería. Hablamos un poco y quedamos en seguir en contacto. No quería perder detalle de lo que estaba sucediendo ante mis ojos pero tenía hora para la peluquería a las seis de la tarde y tenía que marcharme. Yo, que voy a la peluquería como mucho un par de veces al año, justo tenía hora ese día. Podía no haber ido, y me lo planteé, pero la cita me la había pedido mi suegra casi como un favor en una peluquería en la que hay días de espera y, no sé si por mi sentido de la responsabilidad o porqué, pensé que no podía hacer quedar mal a mi suegra y dar plantón al peluquero. Soberana tontería, lo sé, pero en ese momento, ante semejante tragedia, este conflicto cotidiano y banal ganó la partida. No se me pasó por la cabeza que, quizás, el peluquero estuviera tan absorbido por el acontecimiento como yo y que acudir a nuestra cita pudiera fastidiarle tanto a él como a mí. Simplemente pensé que tenía un compromiso y que debía cumplir con él. Es posible que, de nuevo, fuese un mecanismo de defensa. La necesidad de agarrarme a la vida cotidiana para evadirme un poco de tanta barbarie. No lo sé. Fui a la peluquería, donde, por supuesto, no se hablaba de otra cosa, regresé a casa y volví a colocarme frente al televisor. Horas y horas, hasta que ya no pude más.

Diez años después, las imágenes de entonces siguen impactándome tanto como entonces. Las cifras siguen dándome escalofríos. Estuve en las torres años antes de la tragedia. Estuve en la Zona Cero años después. Y espero tener la oportunidad de volver.

¿un límite al fraude fiscal?

Foto: Europa Press

Meses han pasado desde mi última entrada. Y en estos meses, muchas cosas. La principal de ellas que ya no somos tres en casa sino cuatro. Es fácil entender entonces que mi tiempo para actualizar el blog se haya limitado bastante. A pesar de eso, el mundo ha seguido girando a mi alrededor y yo he sido consciente de sus giros, reflexionando, sorprendiéndome o indignándome a cada vuelta.

Hubieran podido ser muchas las reflexiones que me hubiera gustado recoger aquí; la que voy a comentar ahora no es, por lo tanto, la más importante ni la más interesante, probablemente, pero es la que ha llegado en un mínimo momento de relax.

Se refiere a unas declaraciones de Cayo Lara, coordinador de Izquierda Unida, que escuché recientemente. Según Lara, en la propuesta de reforma de la Constitución referente a la limitación del déficit público debería incluirse también un artículo para limitar el fraude fiscal al 0,4%.

Quizás no entienda bien la sugerencia del señor Lara pero, así de primeras, me parece una incongruencia. No creo que pueda limitarse por ley, y muchísimo menos incluir en la Carta Magna, la ejecución de un delito. Porque el fraude fiscal es un delito, si no ando yo muy despistada. Esta propuesta es algo así como decir "Señores, dejen ustedes que se cometa un delito pero en una cantidad pequeñita, una cosita que no llame mucho la atención". O "Señores, defrauden ustedes pero poquito, para no llegar al 0,4% del Producto Interior Bruto".

Por poner un ejemplo algo bárbaro, es como si se limitase el número de mujeres que pueden ser asesinadas a causa de la violencia machista a, por ejemplo, un 0,4% de la población femenina del país mayor de 18 años. Las siete primeras mujeres, hala, le salen gratis al Estado y a los asesinos; por la octava, hay que pagar. Total, siete mujeres se le pueden "despistar" a cualquiera. Pues no. Las mujeres no deberían ser asesinadas por sus maridos o parejas y el fraude fiscal debería ser cero. Ni mucho ni poco. Cero. Y la Constitución debería estar para lo que debería estar.

Fuente: Europa Press

11 de marzo de 2011

robo en un convento

El robo en cuestión se ha producido en el convento de Santa Lucía de Zaragoza, un convento de clausura situado en un barrio popular de la ciudad habitado por 16 monjas que obtienen sus ingresos, fundamentalmente, de la restauración y encuadernación manual de libros antiguos y pergaminos.

Así en principio, con estos datos, lo lógico sería pensar que la sustracción ha tenido por objeto una pequeña cantidad de dinero o alguno de estos libros o pergaminos, que podrían tener su valor en el mercado. Sin embargo, si avanzamos un poco más en la noticia, la cosa da para sospechar.

Resulta que lo que los ladrones se han llevado no es ninguna de estas dos cosas, sino un millón y medio de euros en billetes de 500 que las monjas tenían repartidos en diversas bolsas de basura guardadas en un armario. Según las monjas, sus ahorros de toda la vida. Mis padres llevan ahorrando toda la vida y ya le digo yo a las monjas que no guardan un millón y medio de euros en ningún armario. Si fuera así, para rato iba a estar mi padre esperando al año que viene para jubilarse.

Así que tenemos unas monjitas que guardaban un millón y medio de euros en billetes de 500 en un armario. ¿Y de dónde habrá salido todo ese dineral? Son monjas de clausura, por lo que se supone que no han podido salir a la calle a ganarlo. Tampoco creo que la restauración de libros y pergaminos dé para tanto.

Si seguimos indagando, descubrimos que entre las 16 monjas se encuentra Isabel Guerra, conocida como "la monja pintora", cuyas obras pueden alcanzar en el mercado, y alcanzan, los 20.000 euros. Acabáramos.

Blanco y en botella. O negro y en bolsas de basura en el armario.


Fuente: "Heraldo de Aragón" (08/03/2011)