21 de julio de 2012

manifestación del 19 de julio de 2012

Ayer llamó a la radio un señor para describir un momento de la manifestación del jueves.
Al pasar por la puerta del Carmen, los camiones de bomberos y los coches y motos de la policía que estaban apostados a ambos lados de la manifestación hicieron sonar sus sirenas durante un par de minutos. Comenzaron tímidamente: primero el camión de bomberos, después una de las motos, después otro camión, a este se le sumó otro... hasta que todos se unieron y todas las sirenas sonaron a la vez.

La gente que en ese momento pasaba por allí siguió el mismo patrón. Unos pocos aplaudieron a la primera sirena. A estos se les unieron los que seguían detrás, haciendo el aplauso más contundente. A estos, los siguientes.
El resultado final fue una manifestación sonora de apoyo por parte de unos y de otros, de los que seguían la manifestación a pie y de quienes lo hacían, cumpliendo con su obligación, desde la barrera.

El señor que llamó a la radio no sabía por qué ese primer camión de bomberos había hecho sonar su sirena. Yo podría decir que sí, porque también estaba allí.

Yo seguía la manifestación empujando el carrito de Mario. Sergio hacía lo mismo llevando a Mateo a hombros. Al pasar frente al camión de bomberos, Mateo gritó con toda la espontaneidad que puede mostrar un niño: "¡Ninoninonino!" Un señor que nos seguía gritó a su vez hacia el camión: "La sirena, ¡que suene la sirena!". A él se unieron otros "¡La sirena!".
La sirena sonó. Mateo sonrió de oreja a oreja. Los demás aplaudimos. Y a mí reconozco que costo mucho contener las lágrimas. 

No llegué a ver a los bomberos que hicieron sonar sus sirenas, pero supe que estaban allí y con nosotros. En ese momento, sentí sinceramente que lo que estábamos haciendo merecía la pena.

12 de junio de 2012

misterio en la biblioteca

Hace un par de semanas fui a la biblioteca a buscar un libro infantil. El ordenador indicaba que estaba disponible, pero no lo encontré en su sitio y pregunté a la bibliotecaria. Ella se acercó hasta las estanterías pero tampoco lo encontró, así que tomó nota de mi teléfono y me dijo que lo buscarían y, cuando lo encontraran, me avisarían. La verdad es que el libro no era de gran importancia para mí pero tampoco le dije que no. Supuse que les interesaba encontrar el libro de todas formas.

Hoy me han llamado por teléfono. Han estado buscando el libro desde entonces pero no lo han encontrado, así que lo dan por perdido. No obstante, se han acercado a la librería donde adquieren los fondos con la intención de comprarlo, pero está descatalogado. Han contactado con la editorial a ver si es posible conseguir un ejemplar en alguna parte y, si se hacen con uno, me llamarán. Visto lo visto, no lo dudo.

Supongo que toda esta labor no la habrán llevado a cabo únicamente para satisfacer mi petición, sino porque les importa hacer bien su trabajo.

Con todo este rollo sólo quiero dejar constancia de que hay cosas que funcionan y que hay personas que se toman en serio su trabajo. Que quienes fastidian y crean problemas son otros, por ejemplo, los que cogen prestado "Lucas, un detective en el museo" y no lo devuelven jamás.

13 de febrero de 2012

hasta cuándo

Eso digo yo. Hasta cuándo. Hubo algunos, como la familia de mi abuela, que asumieron esos hechos como parte de lo que suponía vivir una guerra y una dictadura. Pero eso ya pasó y, en un Estado de Derecho, a quien pide Justicia hay que dársela.

28 de octubre de 2011

adiós, yayo

Con 16 años falsificaste tu documentación para poder defender tus ideales en una guerra. Luchaste junto a Durruti, viste morir y mataste, viviste penurias, tragedias y horrores de los que pocas veces hablaste, y nunca sin que se te encendiera la sangre de rabia al recordarlos. "En esa guerra murió lo mejor de ambos bandos", decías. Daba igual que fueran de derechas o de izquierdas; eran personas decididas a luchar por unos ideales hasta morir si hacía falta. Tú conseguiste sobrevivir y salir adelante en una España que se puso difícil para los vencidos.

Me hubiera gustado que me contases tantas cosas, preguntarte tanto... Ahora te has ido y todo eso se ha ido contigo, como, poco a poco, se ha ido yendo con todos. No fuiste un abuelo en exceso cariñoso, pero me apena tu marcha. Por lo que significa, más allá del vínculo familiar, y porque, a tu manera, me hiciste saber que me querías.

No ha sido una marcha fácil; ha llegado poco a poco, se ha impuesto minándote durante años, aislándote en ti mismo y de nosotros. Sin embargo, lo que más me entristece es saber que te has ido desencantado con el mundo en el que nos dejas y con una pregunta constante en tu cabeza: "¿Para qué luchamos, para qué murió tanta gente, si, al final, no ha cambiado nada?". Quisiera creer que no es así, yayo, que tu lucha sirvió de algo, pero necesito que alguien, de una vez por todas, me lo demuestre.

11 de septiembre de 2011

10 años desde el 11-S

Hace diez años, esta imagen dejó de existir. El ataque a las Torres Gemelas, su caída y la situación que se vivió después en la ciudad de Nueva York y, por extensión, en el resto del mundo, como un gran tsunami seco que nos arrastró a todos, son unas de las imágenes y momentos que más grabados se han quedado en mi memoria y, supongo, que en la de todos aquellos que tuvieron la posibilidad de vivirlos como espectadores de algún modo.

El 11 de septiembre de 2001, alrededor de las 3 de la tarde hora española, yo estaba sentada en el sofá de la casa de mis padres, por entonces todavía mi casa, viendo el Telediario. No recuerdo porqué pero estaba sola. Ana Blanco presentaba el informativo. En Antena 3 hacía lo propio Matías Prats. Lo sé porque, al enterarme de la noticia, cambié a este canal quizás para intentar confirmar que lo que contaba Ana Blanco no podía estar sucediendo en realidad. Pero sucedía. Ahí, delante de mis ojos, en ese mismo instante. Recuerdo que me encogí sobre el sofá agarrada a un cojín y lloré. Mucho. Constantemente. Pero sin apartar la vista del televisor ni un solo instante. Sabía que lo que estaba viendo era real, pero algo dentro de mí me obligaba a no creérmelo. Supongo que era algo así como un instinto de supervivencia, una voluntad de mantener la inocencia y la fe en el ser humano, de no permitirme ver ese lado cruel y sádico de las personas. Porque enseguida supimos que eso había sido obra de personas como nosotros. No fue la Naturaleza, no fue la mala suerte, no fue un error desafortunado. Fuimos nosotros. Ya había tenido esa sensación otras veces, ante otras situaciones trágicas, pero nunca con esa intensidad.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que decidí a llamar a mi pareja. Estaba de vacaciones con su familia en el extranjero y no sabía si se habría enterado. Además, habían cerrado el espacio aéreo y por lo tanto su regreso, a los pocos días, también estaba en duda. Sí se habían enterado. Creo que viendo las televisión en una cafetería. Hablamos un poco y quedamos en seguir en contacto. No quería perder detalle de lo que estaba sucediendo ante mis ojos pero tenía hora para la peluquería a las seis de la tarde y tenía que marcharme. Yo, que voy a la peluquería como mucho un par de veces al año, justo tenía hora ese día. Podía no haber ido, y me lo planteé, pero la cita me la había pedido mi suegra casi como un favor en una peluquería en la que hay días de espera y, no sé si por mi sentido de la responsabilidad o porqué, pensé que no podía hacer quedar mal a mi suegra y dar plantón al peluquero. Soberana tontería, lo sé, pero en ese momento, ante semejante tragedia, este conflicto cotidiano y banal ganó la partida. No se me pasó por la cabeza que, quizás, el peluquero estuviera tan absorbido por el acontecimiento como yo y que acudir a nuestra cita pudiera fastidiarle tanto a él como a mí. Simplemente pensé que tenía un compromiso y que debía cumplir con él. Es posible que, de nuevo, fuese un mecanismo de defensa. La necesidad de agarrarme a la vida cotidiana para evadirme un poco de tanta barbarie. No lo sé. Fui a la peluquería, donde, por supuesto, no se hablaba de otra cosa, regresé a casa y volví a colocarme frente al televisor. Horas y horas, hasta que ya no pude más.

Diez años después, las imágenes de entonces siguen impactándome tanto como entonces. Las cifras siguen dándome escalofríos. Estuve en las torres años antes de la tragedia. Estuve en la Zona Cero años después. Y espero tener la oportunidad de volver.

¿un límite al fraude fiscal?

Foto: Europa Press

Meses han pasado desde mi última entrada. Y en estos meses, muchas cosas. La principal de ellas que ya no somos tres en casa sino cuatro. Es fácil entender entonces que mi tiempo para actualizar el blog se haya limitado bastante. A pesar de eso, el mundo ha seguido girando a mi alrededor y yo he sido consciente de sus giros, reflexionando, sorprendiéndome o indignándome a cada vuelta.

Hubieran podido ser muchas las reflexiones que me hubiera gustado recoger aquí; la que voy a comentar ahora no es, por lo tanto, la más importante ni la más interesante, probablemente, pero es la que ha llegado en un mínimo momento de relax.

Se refiere a unas declaraciones de Cayo Lara, coordinador de Izquierda Unida, que escuché recientemente. Según Lara, en la propuesta de reforma de la Constitución referente a la limitación del déficit público debería incluirse también un artículo para limitar el fraude fiscal al 0,4%.

Quizás no entienda bien la sugerencia del señor Lara pero, así de primeras, me parece una incongruencia. No creo que pueda limitarse por ley, y muchísimo menos incluir en la Carta Magna, la ejecución de un delito. Porque el fraude fiscal es un delito, si no ando yo muy despistada. Esta propuesta es algo así como decir "Señores, dejen ustedes que se cometa un delito pero en una cantidad pequeñita, una cosita que no llame mucho la atención". O "Señores, defrauden ustedes pero poquito, para no llegar al 0,4% del Producto Interior Bruto".

Por poner un ejemplo algo bárbaro, es como si se limitase el número de mujeres que pueden ser asesinadas a causa de la violencia machista a, por ejemplo, un 0,4% de la población femenina del país mayor de 18 años. Las siete primeras mujeres, hala, le salen gratis al Estado y a los asesinos; por la octava, hay que pagar. Total, siete mujeres se le pueden "despistar" a cualquiera. Pues no. Las mujeres no deberían ser asesinadas por sus maridos o parejas y el fraude fiscal debería ser cero. Ni mucho ni poco. Cero. Y la Constitución debería estar para lo que debería estar.

Fuente: Europa Press

11 de marzo de 2011

robo en un convento

El robo en cuestión se ha producido en el convento de Santa Lucía de Zaragoza, un convento de clausura situado en un barrio popular de la ciudad habitado por 16 monjas que obtienen sus ingresos, fundamentalmente, de la restauración y encuadernación manual de libros antiguos y pergaminos.

Así en principio, con estos datos, lo lógico sería pensar que la sustracción ha tenido por objeto una pequeña cantidad de dinero o alguno de estos libros o pergaminos, que podrían tener su valor en el mercado. Sin embargo, si avanzamos un poco más en la noticia, la cosa da para sospechar.

Resulta que lo que los ladrones se han llevado no es ninguna de estas dos cosas, sino un millón y medio de euros en billetes de 500 que las monjas tenían repartidos en diversas bolsas de basura guardadas en un armario. Según las monjas, sus ahorros de toda la vida. Mis padres llevan ahorrando toda la vida y ya le digo yo a las monjas que no guardan un millón y medio de euros en ningún armario. Si fuera así, para rato iba a estar mi padre esperando al año que viene para jubilarse.

Así que tenemos unas monjitas que guardaban un millón y medio de euros en billetes de 500 en un armario. ¿Y de dónde habrá salido todo ese dineral? Son monjas de clausura, por lo que se supone que no han podido salir a la calle a ganarlo. Tampoco creo que la restauración de libros y pergaminos dé para tanto.

Si seguimos indagando, descubrimos que entre las 16 monjas se encuentra Isabel Guerra, conocida como "la monja pintora", cuyas obras pueden alcanzar en el mercado, y alcanzan, los 20.000 euros. Acabáramos.

Blanco y en botella. O negro y en bolsas de basura en el armario.


Fuente: "Heraldo de Aragón" (08/03/2011)


10 de febrero de 2011

sopresas en cassette

Cuando tenía 14 ó 15 años me compraba cualquier cinta de cassette que contuviese canciones de los 60 ó de los 70. Cuando llegaba a casa, la colocaba en el reproductor y la escuchaba con la emoción de que, en cualquier momento, surgiese esa canción que me atrapase desde sus primeros acordes. Cuando alguno de estos regalos aparecía (y fueron muchos), me aprendía la canción y, después, me encerraba en el baño a cantarla a grito pelado. La de veces que habré cantado ésta...

27 de enero de 2011

esto sí que es una oportunidad


Doy fe de que nos la comimos en Navidad (no sin algo de miedo, todo hay que decirlo), y sobrevivimos. Y de que la etiqueta no está manipulada, así que por ese precio fue un auténtico chollazo...


20 de enero de 2011

¡Qué razón tenía María!


María Moliner (Paniza, Zaragoza, 1900 - Madrid, 1981) fue una lexicógrafa y bibliotecaria que dedicó gran parte de su vida a trabajar en su única obra: Diccionario de uso del español.

Comenzó a trabajar en él en los años cincuenta y la primera edición se publicó en 1966. Por desgracia, no pudo continuar trabajando en él porque se vio afectada por la enfermedad de Alzheimer. Posteriormente se publicaron dos ediciones más, en 1998 y en 2007, compuestas por dos volúmenes y con un cd-rom adaptado a los nuevos tiempos. Estos dos volúmenes lucen en la estantería del despacho de mi padre, que decidió comprarlos sin dudar con el importe del único premio literario (muy humilde) que ha ganado en su vida.

Gracias a María Moliner y a su diccionario, palabras típicamente aragonesas como pozal o garrampa forman parte del léxico aceptado por la Real Academia de la Lengua. Sin embargo, María Moliner nunca alcanzó su ilusión de convertirse en académica de esta institución.

En 1972, una entrevista realizada a la lexicógrafa en el diario Heraldo de Aragón se encabezaba con el siguiente titular: ¿Será María Moliner la primera mujer que entre en la Academia? El motivo era que su nombre había sido propuesto como candidato por Rafael Lapesa y Pedro Laín Entrago para ocupar el sillón B de la institución. Ante esta posibilidad, María Moliner declaraba:

Sí, mi biografía es muy escueta en cuanto a que mi único mérito es mi diccionario. Es decir, yo no tengo ninguna obra que se pueda añadir a esa para hacer una larga lista que contribuya a acreditar mi entrada en la Academia. (…) Mi obra es limpiamente el diccionario.

Sin embargo, finalmente sería un hombre, Emilio Alarcos Llorach, quien se sentaría en él. Tras esta elección, María Moliner hizo una de sus declaraciones más conocidas:

Desde luego es una cosa indicada que un filósofo entre en la Academia y yo ya me echo fuera, pero si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: «¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!».

¡Y qué razón tenía María! Desde su creación en 1713, y con la excepción de María Isidra de Guzmán, primera mujer doctora por la Universidad de Alcalá, que fue admitida en 1784 como académica honoraria aunque sólo dio su discurso de agradecimiento, ninguna mujer ocuparía un sillón en la Real Academia Española hasta 1978, año en el que Carmen Conde fue admitida para ocupar el sillón K.

Si María Moliner hoy siguiera con nosotros, espero sinceramente que alguien le concediera un sillón.

17 de diciembre de 2010

sorpresa en El Prado

Nunca hubiera imaginado que el Museo del Prado expusiera piezas de este tipo, por mucho que hayan pertenecido a la realeza...


15 de diciembre de 2010

426 euros y un mismo rasero

Hoy me he cruzado con este vídeo, testimonio de lo durísima que es la crisis para algunas personas, lo mucho que pueden suponer para algunos los 426 euros que para otros son poco y lo injusta que, en ocasiones, es la vida.



Hace poco, también me crucé con un reportaje en el que un drogadicto comentaba que, de los 426 euros que le paga mensualmente el Estado, 226 los utiliza para financiarse las dosis y, el resto, lo "lleva a casa".

Ahora, con un ejemplo en cada mano, sólo me viene pensar que no se deben medir las cosas, ni a las personas, con un mismo rasero. Porque la búsqueda de la equidad puede llevarnos a cometer injusticias todavía mayores. Ojalá estuviera equivocada.

4 de diciembre de 2010

los controladores

En los tiempos en los que estamos, y no me refiero exclusivamente a los vacacionales, uno de los colectivos profesionales más privilegiados del país decide armarla para protestar por la reducción de sus ya de por sí y aún así todavía magnos privilegios.

Por favor, señores, que hay gente que ha pactado con sus empresas una reducción de salario y jornada para poder mantener su empleo, y muchos otros que no han tenido ni siquiera esa oportunidad y se han ido directamente a la calle. Para cualquiera de ellos, una mínima parte de lo que ustedes cobran o de lo que ustedes trabajan sería, ahora mismo, una bendición.

Un poquito de decencia y algo más de vergüenza. En este caso, por mucho derecho que tengan a protestar, deberían darse con un cantico en los dientes y quedarse callados.

17 de noviembre de 2010

Y Miguel Fleta ¿cuándo?

Recientemente visité en Roncal el mausoleo y la casa-museo del tenor Julián Gayarre (1844-1890) junto con mi padre, gran aficionado a la ópera.

El mausoleo, obra de Mariano Benlliure, es una escultura impresionante que destaca en medio del pequeño cementerio del pueblo. Tan bello es que, tras su exposición en Madrid, la reina María Cristina hizo todo lo posible para que permaneciera en la capital. Sin embargo, el tesón de la familia y del propio pueblo de Roncal, muy agradecido al tenor (Gayarre pagó la construcción de la escuela, del frontón e hizo llegar la carretera al pueblo) consiguieron imponerse al deseo de la soberana y el mausoleo terminó instalado donde inicialmente estaba previsto. Ya podían aplicarse el cuento algunos de nuestra tierra.

Por su parte, la casa, de tres plantas, recoge documentación sobre la vida del tenor (partituras, contratos, fotografías, premios, recortes de prensa, etc.), muchos de los trajes y accesorios que vistió en sus representaciones y la pieza estrella: su laringe. Sí, sí, conservada en formol. Al parecer, la laringe de Gayarre era especial (yo siempre he escuchado que tenía dos campanillas), lo que le permitía alcanzar notas muy altas, casi de tesitura femenina, con relativo poco esfuerzo. Esta característica de su voz le posibilitó interpretar un repertorio muy amplio y variado, en el que se incluían óperas y arias que exigían registros de voz completamente diferentes.

Pero, además de esto, hay una cosa que llama especialmente la atención en este museo: la música. Durante toda la visita no se escucha una sola nota interpretada por el tenor, sino que la voz que acompaña es la de Alfredo Kraus, quien le interpretó en la primera película que se rodó sobre su vida (después se rodaría otra con Josep Carreras). Sin embargo, esto no es una crítica porque, de donde no hay, no se puede sacar, sino una alabanza. El pequeño pueblo de Roncal ha conseguido difundir la figura de su vecino más ilustre, un tenor, y levantar un interesante museo sobre su figura sin que exista una sola grabación de su voz. Lo equivalente a crear un museo dedicado a un pintor sin exponer siquiera uno de sus cuadros.

Sin embargo, este post no tiene como objetivo final hablar del museo ni de Gayarre, aunque ambas cosas sean interesantes. Tiene como objetivo justificar el cabreo monumental con el que mi padre y yo salimos de allí (el de mi padre mayor, si cabe) porque ese museo volvió a enfrentarnos de bruces con la desidia que, para tantas cosas, tiene Aragón.

Mi padre es un profundo admirador de la voz y la técnica de Miguel Fleta, un tenor nacido en Albalate de Cinca (Huesca) en 1897. Fleta llegó a ser considerado en su tiempo el mejor tenor del mundo, por delante, incluso, del famosísimo Caruso. Hasta tal punto llegó su fama que fue el elegido para estrenar mundialmente la ópera "Turandot", de Puccini, en la Scala de Milan, por imposición del director de orquesta Arturo Toscanini. Y que un director de orquesta italiano (con el que no se llevaba muy bien, además), eligiera a un tenor no italiano para el estreno de una ópera de Puccini en el templo de la ópera no era cualquier cosa.

Pero, al igual que le sucedió a Gayarre, su carrera musical duró poco. Miguel Fleta falleció en 1938, a los 40 años de edad. Eso sí, a diferencia del tenor navarro, dejó tras de sí numerosas grabaciones de su voz.

Sin embargo, la figura de Fleta no se recuerda ni se difunde en ninguna casa museo. En su pueblo natal no existe absolutamente nada que lo recuerde; tampoco en Zaragoza, a excepción del cine-teatro que llevó su nombre (desde años abandonado), la avenida que se le dedicó y el mausoleo que decora su tumba en el cementerio de la ciudad. Podríamos pensar que es lo esperable, teniendo en cuenta que tampoco existe un espacio Goya, pero, en el caso de Fleta, el motivo no se basa tan sólo en la falta de interés, en la desidia de los gobernantes o en la falta de presupuesto. El problema de Fleta es él mismo, su persona.

Miguel Fleta, tras apoyar la República, se pasó al bando contrario. Vistió el uniforme de la Falange, incluso condujo camiones para el bando nacional durante la Guerra Civil. Además, tampoco fue un ejemplo en su vida personal. Abandonó a su primera mujer, que había sido asimismo su profesora de canto, por una mujer más joven, y su soberbia y altanería en algunas ocasiones le llevó a incumplir contratos y a enfrentarse con gran parte de la profesión, incluida una demanda por parte de la Ópera de Nueva York que le dejó prácticamente en la ruina.

¿Crear un museo para difundir la vida y obra de una persona así? Picasso tampoco era un santo, ni Dalí, ni tantos otros. Pero eran de izquierdas, y eso les salva si resulta que es de eso de lo que va el juego. Sin embargo, a los artistas no hay que juzgarlos sólo como personas, sino valorar lo que fueron y lo que representaron para el arte. Y Fleta, mucho más que falangista, fue un tenor como la copa de un pino, un transgresor que, en su época, hizo cosas con su voz que nunca antes nadie se había atrevido a realizar, dotando a la figura del tenor de una libertad artística que, para fortuna de muchos, todavía dura hoy en día.

Quizás es que los políticos le han escuchado poco. Quizás han escuchado poco piezas como esta, el aria principal de "Los pescadores de perlas", de Bizet, la última pieza que representó Gayarre antes de morir. Escuchadle vosotros y decidid.




3 de noviembre de 2010

banksy contra todos, o al revés


Esta pintura apareció un día en un escondido muro de la ciudad de San Sebastián. Justo el día anterior, el festival de cine de la ciudad había estrenado el documental Exit through the gift shop, dirigido por Banksy, el artista grafitero más famoso y reconocido del mundo. Las autoridades donostiarras ataron cabos y, teniendo en cuenta este detalle y el estilo de la obra, dedujeron que la pintura en cuestión no podía ser otra cosa que una obra del propio Banksy.

Así que se saltaron a la torera la normativa municipal que no permite "pintadas" en las paredes de la ciudad y decidieron indultar la obra, alegando que, en todo caso, "era una muestra cultural". Podían haber alegado cualquier otra cosa para justificar su decisión, como que Banksy (que hasta entonces tampoco había reconocido su autoría) es un artista mundialmente conocido y cotizado, pero no lo hicieron. Decidieron justificarla diciendo algo tan vago y ambiguo como eso. Y, claro, el resto de los grafiteros de la ciudad se mosqueó. ¿Por qué sus obras, también realizadas sobre muro y con spray, no eran consideradas igualmente "muestras culturales"? Pues porque ellos no eran Banksy. Y punto.

Así que uno de ellos decidió aplicar la normativa por su cuenta y embadurnó la figura del señor pensativo con spray negro. Ante ese hecho, las autoridades no vieron justificación para mantener el marco restante (aunque siguiese siendo obra de Banksy) y decidieron repintar la pared para apañar el desaguisado. Y fin de la historia.

En mi mundo ideal, los grafiteros deberían haber respetado la obra de Banksy y haber seguido currando para conseguir el indulto de las suyas.

En mi mundo ideal, los políticos deberían ser menos políticamente correctos y más sinceros.

Pero, claro, el ser humano no vive en mi mundo ideal.

Por cierto, poco después, en la web del propio Banksy se reforzaba la posibilidad de que la obra hubiera sido efectivamente suya.

Fuente: El País

25 de octubre de 2010

sexy people

Gracias a Iván, un amigo, he conocido Sexy People, un blog en el que se recogen las típicas fotos de estudio que casi todos nos hemos hecho alguna vez por voluntad propia o por obligación para regalar a familiares y amigos. Las fotos están organizadas por década, país de procedencia, estilo, etc. y, en su mayoría, no tienen desperdicio. Al parecer, algunas son enviadas al blog por los propios protagonistas, espero que como muestra de una sana capacidad para reírse de uno mismo; las otras, sinceramente, no sé de dónde las sacará el tal Renzo, artífice de semejante joya bloguera.

Lástima no tener una estupenda foto con la que colaborar... tendré que revisar archivos paternos. De momento, como muestra, ahí va Diego, una dignísima representación española.


Foto: Sexy People

7 de octubre de 2010

buena publicidad

Esto es una buena campaña publicitaria. De las que no se olvidan.



Campaña de street marketing desarrollada por Tiempo BBDO Madrid.

6 de octubre de 2010

adamo vs raphael

Siempre me ha gustado Raphael. No todo lo que ha hecho, pero le reconozco el mérito de ser un artista como la copa de un pino, inconfundible. Lleva tropecientos años en los escenarios, durante los que nos ha dejado canciones estupendas, y con sólo oír una nota de su voz ya es reconocible su estilo.

A Adamo le conozco menos; las cuatro canciones más famosas que tuvo en los 60 gracias a una colección de vinilos de 45 que rondaban por mi casa y que yo me escuché unas cuantas veces (y que aún conservo).

Por eso, cuando me he liado a buscar vídeos de Raphael (sí, estoy siguiendo la serie que emiten en Antena3, cómo no), me ha chocado encontrarme con "Mi gran noche" cantada por el italiano. Antes de escucharla he pensado que sería una versión de la de Raphael, pero no. Es una canción con la misma melodía pero con una letra completamente distinta. Curioso. Nunca me había encontrado con algo así que no fuera un plagio disimulado, pero es que en este caso, de ser plagio, era la mar de obvio.

Picada por la curiosidad, me he puesto a investigar y me he encontrado con que la versión original es de Adamo. Es de 1967, cantada en francés y con el título "Tenez-vous bien". La versión del cantante en castellano (1968) respeta la letra original, así que la inventiva fue de Raphael. Lo curioso es que las tres canciones debieron coincidir más o menos en el tiempo (1967-68), así que menudo lío debían de llevar los fans, ahora la canto así, ahora la canto asá... Yo supongo que primero se lanzaría la original en francés, después Raphael sacaría la versión libre en castellano y, aprovechando el tirón, Adamo adaptó su letra original al mismo idioma. Digo yo.

Aquí os dejo las tres canciones. Escuchen y comparen.

Original: "Tenez-vous bien"- Adamo, 1968



Versión Adamo: "Mi gran noche", 1969



Versión Raphael: "Mi gran noche", 1969


1 de octubre de 2010

aaron thomas

Este tema, "Any more", pertenece al primer disco de Aaron Thomas, "Follow the elephants" (2008). No sé si es por el tono de voz, por el tipo de música o porqué pero no puedo evitar "escuchar" una similitud tremenda con Jeff Buckley.


28 de septiembre de 2010

El discreto MSA 9000



Llevo varios días cruzándome con este anuncio (o él conmigo, realmente), y cada vez que lo veo no puedo dejar de preguntarme si realmente habrá alguien que se lance a utilizar este cacharro (a comprarlo probablemente sí, pero usarlo después ya es otro cantar). Incluso he llegado a fijarme en la gente por la calle, no vaya a ser que esté de moda y yo no me haya dado cuenta, como sucede con esos zapatos con suela basculante que visualmente resultan extraños pero que parece ser que son una garantía contra los dolores de espalda.

Volviendo al MSA 9000, confirmo que no he visto a nadie llevándolo por la calle. Y mira que, como bien dice el anuncio, ¿para qué gastar miles de euros en voluminosos audífonos cuando puedes tener el MSA 9000 a un precio mucho menor sin que, además, nadie adivine jamás que se trata de un audífono? Podrían pensar que te acabas de escapar de una centralita, que aún usas la primera generación de manos libres o que se te ha quedado la maquinilla de afeitar clavada a la patilla, pero jamás que estás más sordo que una tapia.

Aún así, ya os digo yo que no he visto a nadie disfrutando de las ventajas de este aparatito. Y no lo entiendo porque, ¿quién no querría poder escuchar todo amplificado 9000 veces? Desde el aleteo de una avispa hasta las conversaciones de los amigos, el ruido del tráfico, la tele del vecino, al mismo vecino cagando en el baño de su casa... ¡porque 9000 veces son muchas veces! ¡Todo un mundo de posibilidades puede abrirse ante ti si te colocas este estupendo aparatito! Además de mejorar muchísimo de tu handicap, que no es moco de pavo. Después de llevarlo un tiempo probablemente termines internado en un sanatorio mental pero, oye, ¿y la de cosas que habrás escuchado hasta entonces, eh? En seminarios, iglesias ¡y hasta en el cine!

Y, encima, te venden dos por el precio de uno, para que puedas escuchar todo en estéreo y volverte chapitas a doble velocidad. Una ganga, señores.