2 de marzo de 2008

bowie vs bunbury

Me avergüenza decir que ha tenido que venir Raúl y su interpreta-sones a recordarme lo grandísimo que es Bowie (gracias, Raúl). Debería acordarme yo solita y por mí misma todos los días.

Life on Mars?

Esta fue la primera canción que escuché de Bowie. Hunky Dory, el disco del que forma parte, sonaba incesantemente en el tocadiscos de casa de un amigo (gracias, Idan) En ocasiones, me colaba en su habitación, seleccionaba el corte de la canción, apagaba la luz y subía el volumen al máximo. A los cinco minutos, terminado el ritual, abandonaba el templo completamente desintoxicada.



Life on Mars? fue la primera canción, pero después vendrían muchas más. Vendimos el mundo, fuimos duendes, genios, cosas bonitas, actores derrotados, hombres del espacio, suicidas del rock and roll, héroes, seres hechos con el polvo de las estrellas...

Hace unos cuantos años tuvimos el placer de ver a Bowie en concierto. 4.000 personas disfrutando como yo disfrutaba en aquella habitación. Y, entre esas 4.000, Enrique Bunbury, observando como un aprendiz y con la devoción de quien pone su fe en el santo de una hornacina.





5 comentarios:

interpreta-sones dijo...

sí que es bueno el jodío, y como ocurre con los grandes, además de una herencia musical magnífica, lo podemos intuir detrás de muchas canciones de hoy, y probablemente del mañana.

Bercimuelles dijo...

Yo el concierto que compartí con Enrique Bunbury y un centenar más de espectadores fue el de los vergonzantes The Dirtbombs. Más en familia, más recogidico, más enervante...

Apuf dijo...

Vergonzantes? Y eso?

Bercimuelles dijo...

Aquel concierto fue de vergüenza ajena, tanto por lo musical como por la lamentable puesta en escena: una bajista mirando a las abutardas simulando ataques epilépticos, un batera que quitaba el micro al cantante para lanzarse al público y cantar a corderetas de uno de los asistentes...

Me leo ahora, con el tiempo, y podría resultar hasta cachondo, pero la verdad que muchos allí nos sentimos estafados aquella noche.

Y mira que enlatados en estudio no sonaban nada mal... y mira que no soy nada retrogrado para los conciertos que se salen de la norma... pero con una miajita de arte, pardiez!

Apuf dijo...

Bueno, es que el límite entre arte- creatividad y tomadura de pelo es tan, tan sutil... En fin, como dices siempre te quedará recordarlo ahora como anécdota una vez pasado el cabreo.